La Condesa Sangrienta

Actualizado: 18 mar

Son muchas las veces en las que hemos oído que la antigua aristocracia tenía impunidad total para cometer sus crímenes y aún son más las veces que hemos dicho "Y lo que no sabremos" con cierta sorna.

Pues bien, hoy vengo a hablaros de una historia que tiene por protagonista a una gran dama de la aristocracia, una condesa nada menos. ¿Leyenda o realidad? Juzgad vosotros.


Erzsébet Báthory, castellanizado Elizabeth Báthory nació el 7 de junio de 1560, en Hungría, en el seno de una de las familias más poderosas de Europa del Este.

Tuvo una buena infancia, típica de la aristocracia, en la que recibió una amplia educación incluyendo el estudio del latín, el griego y la religión.



Se ha dicho en repetidas ocasiones que mantenía una incestuosa relación con su tía Karla, calificada como bruja, sádica y bisexual introduciendo a su sobrina desde niña en el mundo oscuro. Esto sería prácticamente imposible puesto que Klara se casó con un noble italiano mudándose con él y viendo a su sobrina muy pocas veces.


También se ha cuestionado el efecto que tuvo en la pequeña Elizabeth la supuesta ejecución pública de un gitano por vender su hija a los turcos en la que abrieron a un caballo, metieron la cabeza del hombre en las tripas del animal, lo cerraron y lo azotaron para que corriese mientras el hombre moría asfixiado. Según esta historia, la joven condesa sintió placer y alegría al ver la escena.


Lo que sí está probado es que, en 1570 la familia Báthory ofreció la mano de Elizabeth cuando contaba con 10 años, a Ferenc de 15 años, heredero de la familia Nádasdy, íntimamente ligada al rey Fernando I de Hungría.

Finalmente, el joven Ferenc aceptó, embriagado por la belleza e inteligencia de la joven, por lo que Elizabeth se mudó con su nueva familia al castillo Sarvar.


Al llegar a su nueva casa y con su suegra muerta, tuvo que hacerse cargo de las 20 haciendas pertenecientes a su nueva familia sin ayuda, como parte de su educación especializada en gestión de castillos.

Su prometido siguió los pasos de su padre y, aunque no era muy bueno en cuanto a lo académico pero sí en lo militar, por lo que, una vez alcanzado el rango de capitán, decidieron casarse.


El día de su boda, durante una fiesta de tres días con más de 4500 invitados, Ferenc y Elizabeth contaban con 20 y 15 años respectivamente, el joven le entregó a su esposa como regalo de bodas el castillo de Csejthe. Dado que la ley del momento establecía incontables impedimentos para que una mujer heredase propiedades o tierras, Ferenc le aseguró a Elizabeth la posesión de ese castillo de por vida.


Los hijos tardaron en llegar hasta 10 años tras la boda y, como Elizabeth tenía que ocuparse de la gestión de las explotaciones familiares mientras su marido estaba en campañas militares, contrató una ama de cría para que amamantara y criara a Anna, Katalin y Pál, llamada Ilona Jo, quien se convirtió en una de las personas máxima confianza de la condesa.

Aunque no pasaban demasiado tiempo juntos, Ferenc estaba pendiente de su esposa y de sus acciones con los negocios, intercambiando correspondencia continuamente.

De hecho, fue él quien, por carta, le enseñó un método de castigo para los criados consistente en poner papel mojado en aceite bajo las uñas de estos y prenderlos fuego después.

Los castigos desproporcionados, aunque no mortales, hacia la servidumbre era algo socialmente aceptado siempre y cuando se hiciera de forma discreta.


Ferenc Nádasdy, el llamado Caballero Negro de Hungría, aclamado héroe nacional por su crueldad con los turcos en la Guerra de los Quince Años (1591-1606), se hizo de oro con los conflictos, hambrunas y epidemias que asolaron el país, así como con los trofeos de guerra que enviaba a casa desde el frente.

Llegó a tener tanta fortuna que hasta el propio rey Mátyás II de Habsburgo le pidió un préstamo.

De hecho, es fue usado por algunos escritores para aumentar la idea de que la caída en desgracia de la condesa fue un ardid del propio rey para evitar el pago de la deuda, aunque existen escritos que demuestran que esa deuda era heredable y el hijo de Mátyás debía subsanarla.


A la vuelta del frente en diciembre de 1603, Ferenc se mostró enfermo y, seguro de su propia muerte, pidió a un buen amigo, György Thurzó, que se ocupase de su mujer e hijos cuando él faltase. Murió el 4 de enero de 1604.


Aunque ya existían rumores de desapariciones y muertes de mujeres jóvenes del entorno de la condesa, éstos se hicieron mucho más frecuentes tras la muerte de su marido, cuando se mudó al castillo de Csejthe.

En dicha ciudad, las costureras, criadas y cocineras de hasta 10 años de edad que iban a servir al castillo nunca volvían a sus casas, por lo que los campesinos comenzaron a negarse a enviar a sus hijas a trabajar allí.


En 1609, la condesa abrió un gineceo para enseñar a las jóvenes nobles etiqueta, por lo que la ciudad comenzó a llenarse de mujeres jóvenes.

Cada tres semanas, una de las estudiantes moría mientras Erszébet alegaba que había sido por enfermedad. Cuando las familias reclamaron los cuerpos, la condesa cambió su versión y le echó la culpa a una de las estudiantes que, supuestamente, había robado y matado al resto y, después, había desaparecido. Aun así, no entregó los cuerpos.


Fue el nuevo párroco de Csejthe, a principios de 1610, quien destapó el pastel al enviar una carta al rey contándole que había encontrado en las catacumbas que conectaban el castillo con la parroquia los cuerpos de 9 chicas que habían sido mutiladas y torturadas de diferentes formas.



Ante las quejas de muchas nobles y la denuncia pública por parte de la iglesia de la ciudad, el rey Mátyás II no tuvo más remedio que empezar a hacer caso a los rumores y levantar una investigación alrededor de la condesa y del resto de habitantes del castillo que fue llevada a cabo por su nuevo conde paladino, que no era otro que el amigo de Ferenc a quien había encomendado el cuidado de su esposa e hijos.


Thurzó recabó una lista demasiado larga de testimonios sobre hechos graves como para pasar desapercibida . El 25 de diciembre de 1610, Thurzó y el rey acudieron al castillo de Csejthe para asistir al banquete de navidad aunque, en realidad, la intención era interrogar a la condesa sobre las muertes. Ella alegó que se debían a enfermedades pero, al entender que sus palabras no estaban siendo creídas, se fue de la estancia.


Tras esto, Thurzó, tratando de mantener la promesa que le hizo a su amigo y, a su vez, ejercer su condición de palatino, pactó con los hombres de la familia (los esposos de las hijas de la condesa y el tutor del hijo menor) que Erszébet se quedase recluida en una de las habitaciones del castillo.

El 29 de diciembre de 1610, Thurzó, los yernos de la condesa y el tutor, llegaron al castillo con un grupo de soldados para revisar el castillo encontrando a varias chicas muertas con indicios de haber sido torturadas y otra moribunda.

En las mazmorras, tres sirvientas, Ilona, Katalin y Dorottya, limpiaban los restos del último ritual.


Nadie sabe a ciencia cierta el número de mujeres y niñas que murieron a manos de la condesa o por su orden. Un antiguo sirviente declaró "Sólo Dios lleva la cuenta de todos sus crímenes" y una criada declaró haber visto escrita la cifra de 650 víctimas en un libro de registros que nunca apareció.


En su detención, la condesa no puso resistencia aunque siempre se declaró inocente.

Sobre el papel, el juez acabó imputando a cuatro de los sirvientes de Báthory por 80 cargos de asesinato.



En el juicio, se contempló una red perfectamente organizada en la que, János Újváry Ficzkó, apodado “el enano”, confesó que se había encargado de reclutar víctimas por los pueblos colindantes mediante la atractiva oferta de trabajar en el castillo. Al ser solo un adolescente durante el proceso, la justicia hizo la concesión de decapitarlo antes de que su cuerpo fuera arrojado al fuego.



Ilona Jo, ama de cría de los hijos de la condesa, y Dorottya Szentes, la más sádica según el resto de sirvientes, ardieron vivas en la hoguera tras haberles cortado las manos.

Ellas explicaron como torturaron a las chicas clavándoles agujas en brazos y uñas, sumergiéndolas en hielo e introduciendo hierros candentes en sus vaginas.


La lavandera Katalin Beneczky, admitió que se había encargado de deshacerse de los cuerpos y limpiar los restos de las sesiones de tortura. El juez la sentenció a cadena perpetua, aunque a los pocos años fue liberada y desapareció para siempre.


Todos ellos coincidieron en la importancia de Anna Darvolya, una dama croata que llegó al castillo en 1601 y que, tras conseguir convertirse en la persona más cercana a la condesa, se encargó personalmente de formar a la condesa y sus sirvientas en cómo torturar a alguien hasta la muerte. Murió dos años antes del juicio.


La condesa fue señalada por los cuatro sirvientes como instigadora y perpetradora principal de los crímenes pero nunca fue a juicio, lo que impidió que muriese en la hoguera y que se conservase lo que se pudiera del honor de la familia, aunque ella, durante los tres años y medio que duró su reclusión, siempre se sintió ultrajada e intentó por todos los medios que alguien la ayudase a conservar su honor y proclamar su inocencia.



Los aldeanos siempre dijeron que la condesa realizaba rituales de ocultismo en los que se bañaba en las sangres de sus víctimas, todas mujeres jóvenes, para conservar su juventud y aumentar su belleza. ¿Exageraciones? Puede.


El 21 de agosto de 1614, Erzsébet Báthory, tras quejarse la noche anterior de tener frías las manos, amaneció muerta en su habitación/celda.



La condesa sangrienta, la mujer que ostenta el récord Guinness de la mayor asesina de la historia, la mujer, al fin y al cabo, que ha inspirado películas, pasajes del ¨Drácula¨ de Bram Stoker, series como AHS e incluso ha dado nombre a un grupo de heavy metal, hoy en día sigue siendo parte de uno de los mayores enigmas de la historia.

¿Lo hizo o fue acusada falsamente? ¿A cuántas mujeres mató? ¿Por qué no atajaron antes el problema de las desapariciones y muertes? ¿Realmente se bañaba en la sangre de sus víctimas para conservar su juventud?




Sea como sea, ¿qué pensáis? ¿Podría la actitud de Erzsébet Bathory parecerse a la de Vlad Tepes (el conde drácula) con quien la emparentaron alguna vez?


Espero que os haya gustado, ¡os leo!






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