Francisco García Escalero - El matamendigos

Nos venimos hasta España para conocer a Francisco García Escalero, un hombre que sembró el terror en la ciudad de Madrid a finales de los años 80 mientras se ganaba a pulso el título de "El matamendigos".


Francisco nacía el 24 de mayo de 1954 en Madrid, concretamente en un barrio chabolista cerca del cementerio de la Almudena, lo que le facilitaba desde pequeño poder pasear entre las tumbas. Esto enfadaba notablemente a su padre quien le reprendía con palizas.


"Hacía cosas que no estaban bien"


"Tenía ideas raras desde los 17 años. Caminaba por las noches con un cuchillo, me gustaba entrar a casas abandonadas y mirar por las ventanas para ver a las mujeres y a las parejas"


Desde pequeño sufría manía persecutoria, tenía tendencias suicidas, se autoinfligía golpes y cortes, e incluso, a los 12 años, se tiraba a los coches en marcha para que le atropellaran.


A los 14 años, se escapó de casa y comenzó a beber alcohol a diario. Para sobrevivir, se dedicó a cometer pequeños robos que acabaron por llevarle al reformatorio.

En 1973, una vez en libertad, asaltó a una pareja y, tras golpear al hombre, violó a la mujer y se dio a la fuga. Le detuvieron horas después y fue condenado a once años de prisión.

En la cárcel, Escalero fue un preso modelo con una extraña afición: se dedicaba a coger los animales muertos que encontraba y se los llevaba a la celda. También se tatuó varias veces. Destacaba uno que consistía en una tumba azul con el siguiente epitafio "Naciste para sufrir".


Con 30 años, a su salida de la prisión, su padre había muerto, no tenía estudios ni trabajo, por lo que comenzó a mendigar y consumir grandes cantidades de alcohol.



"Oía voces interiores, me llamaban, que hiciese cosas, cosas raras, que tenía que matar, que tenía que ir a los cementerios”




Así fue como en 1987 mató a una indigente a la que drogó, acuchilló, cortó la cabeza y violó su cadáver.

Desarrolló un patrón: elegía a indigentes con los que compartía alcohol. Al beber entraba en un estado de ira que terminaba en ataques violentos. Entonces les apuñalaba por la espalda y, una vez muertos, les mutilaba, quemaba y, si eran mujeres, practicaba la necrofilia


Escalero tenía predilección por los lugares religiosos y los camposantos. Por ello, abandonó tres cadáveres cerca de la cuesta del Sagrado Corazón, otros en un solar próximo a la iglesia de Santa Gema además de cerca de las vías del tren.



Además de matar y mutilar los cuerpos, también se dedicaba a saltar la tapia del cementerio de la Almudena para profanar tumbas y abusar sexualmente de ellos.

De hecho, más de una vez la policía le encontró en pleno acto y le enviaron al Hospital Psiquiátrico Provincial de Madrid pero le dejaban salir una y otra vez, aunque Escalero les explicó varias veces a los médicos que sentía la necesidad de matar, pero nadie le creyó.


Uno de los forenses que lo examinó dijo: “el problema de Escalero es que no estaba ingresado ni recibía tratamiento. Permanecía en el espacio de la marginación. Falló él, pero también el resto de la sociedad. La red sociosanitaria no supo prever ni evitar las consecuencias de su locura”.


Cada vez que mataba, intentaba entrar en el psiquiátrico y confesaba sus crímenes, Al no ser escuchado, en 1993 intentó suicidarse porque se lo ordenaban las voces que escuchaba. Durante su recuperación en el hospital, confesó a las enfermeras su último crimen. Suplicaba que le detuvieran, ya no podía más. El personal del hospital dio parte a la policía y por fin fue arrestado.





“Las voces siguen. Se ríen de mí. Me dicen que quieren sangre”




Durante los interrogatorios, Escalero explicó con todo lujo de detalles sus crímenes e incluso llegó a conocerse que en muchos de sus crímenes no actuaba sólo sino que lo hacía con Ángel Serrano, a quien también golpeó hasta la muerte, dato que dio Ernesta de la Oca, la única víctima superviviente que interpuso una denuncia, tras ser agredida y violada por ambos.


Terminó confesando un total de 15 crímenes en cinco años, aunque las pruebas solo le atribuían 11 de ellos.

Durante su relato se mostró frío, impasible, apático e incluso tímido.

Por otra parte, los forenses y psiquiatras determinaron que, a sus 39 años, Escalero sufría esquizofrenia, alcoholismo crónico, manía depresiva y necrofilia, acompañado de su dependencia del alcohol y las drogas.

También determinaron que se relacionaba mejor con objetos que con personas además de tener actitudes violentas sin sentimientos de piedad, culpa o arrepentimiento.


Todo ello determinó a Francisco García Escalero como no responsable de sus actos, por lo que gozó de inimputabilidad por enfermedad mental.

En febrero de 1996 fue declarado culpable de 11 asesinatos, una agresión sexual y un rapto pero absuelto por enajenación mental. Fue recluido bajo tratamiento sanitario en el Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent (Alicante), donde sus médicos informaban cada 6 meses de su evolución y sólo podría salir tras su completa curación, lo cual veían imposible.


Durante su estancia en la cárcel, concedió varias entrevistas a medios de comunicación. Se pueden encontrar vídeos en plataformas como YouTube.


El 19 de agosto de 2004, Francisco García Escalero, el Matamendigos, murió en su celda atragantado por el hueso de una ciruela.


Y ahora, en pleno 2021, os pregunto: ¿Podría ocurrir que la asistencia psicosocial fuera tan deficiente como para permitir que alguien asesinase como Escalero, tras admitir varias veces sus crímenes? ¿La dilación policial en detener a alguien en este caso, pudo tener que ver con que las víctimas fuesen mendigos?


Espero que os haya gustado, ¡os leo!








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