Elizabeth Short - La Dalia Negra

Actualizado: 18 mar

Es 15 de enero de 1947 y una vecina que pasea por Leimert Park, Los Ángeles, está a punto de encontrarse el cuerpo sin vida de una joven o, mejor dicho, lo que queda de él pues, su tórax, cabeza y brazos fueron encontrados por un lado y, su pelvis y piernas, por otro.

Pero, ¿quién era esa joven que había sido tan brutalmente mutilada? y, ¿quién podría haber cometido tal atrocidad?


Elizabeth Short, nacida el 29 de julio de 1924 en Boston, Massachusetts, fue una joven que, a los 19 años, decidió ir a California a vivir con su padre para poder estar más cerca de Hollywood, donde quería realizar su sueño de ser actriz.



Con su padre, la convivencia no fue fácil, por lo que acabó yéndose de casa y consiguiendo un trabajo en el Campamento Cooke hasta que fue detenida por beber siendo menor de edad y la mandaron de vuelta a Medford con su madre.


En los siguientes años, residió en diferentes ciudades de Florida ganando dinero como camarera.


En Florida conoció a Matthew M. Gordon, un comandante del ejército. Elizabeth contó a sus amigos que Gordon le había propuesto matrimonio por carta y ella aceptó, pero este murió poco después en un accidente, antes de regresar a EEUU.

Se llegó a decir que se casaron y tuvieron un hijo que murió en secreto, pero en la autopsia se desveló que ella nunca había estado embarazada ni había parido.


Tras la muerte de su prometido, Elizabeth regresó al sur de California en 1946 para encontrarse con un antiguo novio que también había conocido en Florida durante la guerra, el teniente Gordon Fickling, hasta que se mudó a Carolina del Norte siguiendo su comunicación por carta.

La última que recibió de Beth fue el 8 de enero de 1947 contándole que pensaba ir a Chicago para trabajar de modelo.


Durante sus últimos seis meses de vida residió en California, en el área de Los Ángeles, viviendo en diferentes hostales y hoteles, el Cecil entre otros.

Su cuerpo apareció en un terreno baldío al lado oeste de la Avenida Norton. la vecina que lo encontró pensó que era un maniquí roto, pero al acercarse descubrió que era una joven.


El cadáver estaba desnudo, había sido cortado por la mitad a la altura de la cintura y drenado de sangre. Su rostro estaba cortado desde la comisura de los labios hasta las orejas. Había sido lavado y limpiado y después, divido en dos por la única zona de la columna en la que al hacerlo no se rompe ningún hueso, lo que llevó a los investigadores a pensar que el asesino tenía formación médica.

En el solar la había puesto de espaldas, con las manos por encima de la cabeza y los codos en un ángulo recto. Le arrancaron el bazo, el corazón y los intestinos. Le mutilaron el pezón izquierdo, le cortaron el vientre, le quitaron un trozo del muslo izquierdo y lo insertaron en su vagina. La asfixiaron y le fracturaron las piernas con un objeto similar a un bate.

Además, Elizabeth tenía marcas de golpes en la cabeza y pequeñas zonas con sangre.


La autopsia reveló que la causa de la muerte fue la pérdida de sangre por las laceraciones de su rostro junto con una conmoción cerebral.

Además tenía marcas en los tobillos y las muñecas de haber estado atada tres días más o menos, durante los que fue torturada como indicaban los golpes, las laceraciones, la piel despellejada de su pecho derecho y las quemaduras de cigarrillos en su piel.


También fue obligada a comer excremento, aunque otra razón para que esta sustancia se encontrase en su estómago pudo ser una transferencia al sacarle los intestinos.

Aunque los dedos estaban hinchados y arrugados por haber estado sumergida en agua durante mucho tiempo, pudieron identificarla gracias a la detención de 1943.


La llamaron "La Dalia Negra" debido a una película que estaba en cartelera en ese momento llamada "La dalia azul" en la que una chica moría en extrañas circunstancias y "negra" porque Elizabeth siempre vestía de negro.

El 23 de enero de 1947, el asesino llamó a un famoso periódico recriminándoles que no estuvieran prestando suficiente atención al caso y avisando de que les enviaría objetos personales de Elizabeth, entre ellos una libreta telefónica que clarificaba que se había visto con un tal Hansen el 8 de enero, la última persona que la vio con vida.


Hansen era el propietario de una sala de baile y tanto él como el resto de nombres de la libreta contaron que conocían a Beth pero no demasiado, que le gustaba bailar y disfrutar, que solía tener ligues ocasionales y que nunca se quedaba demasiado tiempo en un sitio.

Todos fueron descartados como sospechosos.


Su último acompañante fue Robert Manley quien la había encontrado en la carretera y llevado a un motel, aunque aseguraba que no habían tenido relaciones sexuales debido a que ella se encontraba mal por una indigestión.

Por otra parte, a las diez de la noche la recepcionista la vio salir sola y no volver a entrar en el motel.


El asesino luego escribió más cartas al periódico, llamándose a sí mismo "el vengador de la Dalia Negra". El 25 de enero, el bolso y un zapato de Short fueron encontrados en un cubo de basura a corta distancia de la Avenida Norton. Robert Manley los reconoció. En algún momento entre el 10 y el 15 de enero, el asesino retiró la maleta de Short de la estación de autobús, sin que nadie reparara en ello. Ni la maleta ni su ropa se encontraron nunca.


Debido a lo famoso que se hizo el caso, más de 50 hombres y mujeres afirmaron ser quien había dado muerte de forma tan cruel a La Dalia Negra, así como señalaron a parientes como los responsables del asesinato.


El asesinato jamás se resolvió pese a la gran cantidad de confesiones y jamás se encontró a la persona que mandó los objetos personales de Beth y las cartas al reconocido periódico.


Además, muchos periódicos frivolizaron con las fotos del cadáver y la ropa que llevaba cuando fue encontrada para dar mayor interés al caso.


"Si el asesinato nunca se resolvió se debió a los reporteros… Estaban en el escenario del crimen, pisoteando pruebas, reteniendo información". Gerry Ramlow, un reportero de Los Angeles Daily News.


A día de hoy y sin haber resuelto el caso, ¿crees que los medios de comunicación se aprovecharían tanto de algo así? ¿Crees que hubiera sido más fácil localizar al asesino?


Espero que os haya gustado, ¡os leo!




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