El carnicero de Milwaukee - Segunda parte

Actualizado: 23 sept

Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee, es descrito como una persona amable, educada e inteligente, incluso tímido y discreto pero, detrás de todo eso, se escondía una persona capaz de asesinar, desmembrar y canibalizar a multitud de hombres.


Tras secuestrar, matar y descuartizar a Ernest Miller, realiza con los restos su primera comida caníbal.


Cuando su madre contacta con él para mostrarle su apoyo con su homosexualidad, lo que debería suponerle un desahogo, termina provocándole un ataque de ira extremo y empieza a experimentar.


Es aquí cuando lleva al máximo extremo su endocanibalismo (comer la carne de un ser querido para conservar su alma) y comienza a construir un santuario hecho con los restos y las calaveras de la gente a la que ha asesinado para que alguna fuerza maligna reconozca su poder.


Cuando conoce a Errol Lindsay decide sumergirle en un estado de "no muerto" para tener un control absoluto. Para ello, después de drogarle, taladra su cráneo más de 5 cm y, con una jeringa, le inyecta ácido clorhídrico en el cerebro.

Cuando Errol despierta, está más lúcido de lo que Dahmer imaginaba y, al inyectarle más ácido, acaba con su vida. Descuartiza el cuerpo conservando la cabeza y la piel.


En plenos años 90, con un juventud inquieta y con la única posibilidad de comunicarse mediante cabinas telefónicas, los jóvenes viajeros podrían estar días desaparecidos sin que nadie se preocupase especialmente. Aun así, empiezan a ser muy notables las desapariciones de hombres jóvenes y la sociedad comienza a inquietarse.


Dahmer cada vez esta más ávido tanto de matar como de conservar a alguien a su lado y, por ello, comete un nuevo error: cuando secuestra a Konerak Sinthasomphone (cuyos padres habían conseguido encarcelarle por agresión sexual a su hermano) y tras taladrar su cráneo e inyectarle el ácido, se va de casa dejándole incapacitado. Pero Konerak consigue salir de la casa y, al verle desorientado y con signos de estar drogado, tres mujeres llaman a urgencias provocando a la policía (incluso en presencia de Dahmer) para que le lleven al hospital.

Finalmente, Jeffrey consigue convencer una vez más a los agentes que, a pesar de haber subido a su casa y haber olido el hedor del lugar, deciden marcharse y dejar a Konerak con Jeffrey quien le inyecta otra dosis y acaba matándole.


Cuando la desaparición de Konerak sale en la televisión, una de las mujeres llama a la policía para denunciar el suceso de aquella noche pero no la hacen caso, la llamada se archiva y nunca será investigada.


Con Dahmer cada vez más alcoholizado, poniendo en peligro su trabajo constantemente, la ciudad repleta de carteles de desapariciones y la creciente tensión en el ambiente gay, Jeffrey conoce en Chicago a Jeremiah Weinberger con quien pasa varias noches en Milwaukee hasta que Jeremiah le comunica que tiene que irse. En ese momento, Dahmer comienza sus preparativos: le droga, taladra su cráneo y esta vez le inyecta agua hirviendo en el cerebro.

La vecina le ve con problemas para hablar y moverse pero no hace nada.

Finalmente, vuelve a inyectarle agua y, cuando vuelve de trabajar, descubre que Jeremiah ha muerto.


Jeffrey Dahmer ya está totalmente descontrolado: le despiden del trabajo y lleva un ritmo de asesinatos tan frenético que se le acumulan los cadáveres por no poder descuartizarlos cada día; tanto es así, que se ducha con cuerpos desmembrados.


Como el truco de los 50$ ya no funciona, convence a Tracy Edwars de subir a casa con la excusa de darle un repuesto para su coche averiado.

Para sorpresa de Jeffrey, Tracy se da cuenta del hedor y rehúsa la bebida que le ofrece. Con todo, intenta esposarle, le amenaza y le dice: "Sólo quiero comerme tu corazón".

Durante cuatro horas, Tracy disimula y tranquiliza a su agresor diciendo que se quedará con él, pero huye en cuanto puede.

Al encontrarse con una patrulla, les cuenta todo lo que ha vivido y van a investigar. Al llegar a la casa, investigan de dónde sale el olor y, mientras uno de los agentes busca la llave de las esposas y encuentra todas las fotografías de cuerpos desmembrados y personas asesinadas, el otro encuentra una cabeza humana en el frigorífico.


Los testigos cuentan que, mientras los horrorizados agentes realizan la detención de Jeffrey Dahmer, éste aullaba y gritaba intentando escapar para salvar su altar en el que ya tenía dos cuerpos y diez cabezas.


En el registro del apartamento 213, se encuentran: tres torsos en un bidón, dos esqueletos y siete cráneos esparcidos por todo el apartamento, corazones, cabezas y torsos en otro congelador, manos cortadas y genitales momificados en un hervidor de aluminio dentro del armario del pasillo, un esqueleto completo, cráneos pintados, genitales y una cabellera en un archivador y múltiples restos por el resto del piso.


En total, Jeffrey Dahmer, un chico algo raro pero cordial según los vecinos, mató y descuartizó a 17 hombres jóvenes, de los que guardó algunos de sus miembros para honrar a un ser superior y para ingerirlos después pretendiendo que sus almas se quedaran con él para siempre.


Una vez recogidas todas las pruebas, los investigadores pasaron 60 horas con Jeffrey mientras confesaba. Admite todos los crímenes y explica que su única condición era que la víctima fuese atractiva.

A pesar de que intentan engañarle con fotografías de otras personas, Dahmer ayuda a identificar a cada una de sus víctimas.


“Sí que tengo remordimientos, pero no estoy seguro de que sean lo suficientemente fuertes. Siempre me he preguntado por qué nunca me he sentido más culpable”



En las calles se corre la voz de que la policía ha detenido a un asesino en serie al que llaman "El carnicero de Milwaukee" pero la mayor controversia llegó cuando se hicieron públicas las llamadas al servicio de emergencias de las mujeres que vieron a Konerak Sinthasomphone así como los comentarios de los agentes al dejar a la víctima en casa de Dahmer: "Se ha devuelto a un varón asiático ebrio y desnudo a su novio sobrio. Y vamos a tardar un minutito, que mi compañero tiene que despiojarse".


Cuando llega el juicio en 1992, se juzga si Dahmer actuaba influenciado por una enfermedad mental, lo que podría nombrarle inocente, o si, por el contrario, era perfectamente consciente de lo que estaba haciendo. Para ello, la defensa alega que Jeffrey sufre de necrofilia, una enfermedad mental a la que no podía combatir y, la fiscalía, presenta que es perfectamente capaz de controlarse pero que, conscientemente, decide no hacerlo para satisfacer sus deseos.


Jeffrey Dahmer asiste al juicio, que es grabado y retransmitido, sin gafas para no poder ver a los testigos y a los familiares y mantiene una actitud tranquila y silenciosa.



“Esto era la recta final de una vida desaprovechada y el resultado no puede ser más deprimente. Mi historia es enfermiza, patética y triste. No hay más. No sé cómo puede ayudar eso a alguien”




El veredicto llegó 5 horas después del final del juicio: No enfermo mentalmente.

Le condenan a 15 cadenas perpetuas consecutivas y 1 cadena perpetua por el asesinato de Steven Hicks en otro estado. En total, 900 años.


“Sé que la sociedad nunca será capaz de perdonarme por todos mis actos ni tampoco las familias de las victimas. Las he visto llorar y si pudiera dar mi vida ahora mismo para traer de vuelta a sus seres queridos, lo haría. Lo siento muchísimo”



En la cárcel se bautiza y vuelca en la religión. Por su propia seguridad pasa un año en confinamiento solitario y después se le asigna un trabajo. El resto de presos consideran que se le da un trato especial. Después de dos años de condena, un preso de 25 años condenado por asesinato, le golpea hasta matarlo con el palo de una escoba partida.


La sociedad que se veía obligada a volver a revivir todo, se alegró por su muerte.

Con él se iba todo el horror que había causado y se mantenía la esperanza de que nunca nadie volviera a producir tanto sufrimiento.


Tendemos a calificar a este tipo de asesinos como monstruos deshumanizados, quizá para tranquilizarnos pensando que no cualquier humano podría cometer tales barbaridades pero, ¿realmente es así?























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