El carnicero de Milwaukee - Primera parte

Actualizado: 23 sept

¿Qué pensaríais si os hablase de alguien que ha asesinado a casi dos decenas de personas y que, con algunas de ellas, experimentó el canibalismo e, incluso, intentó convertirlas en zombies?


Este es el caso de Jeffrey Dahmer, también llamado "El carnicero de MIlwaukee" o el "El caníbal de MIlwaukee", quien asesinó a 17 personas y secuestró a otras tres, en su intento por conseguir un altar hecho de restos humanos y una persona que se quedase a vivir con él para siempre.


Jeffrey nació en 1960 en el seno de una familia inestable, donde su madre, Joyce Dahmer, tenía problemas de autocontrol y necesidad constante de atención, y su padre, Lionel Dahmer, era frío, calculador y distante con su familia. Durante el embarazo y, debido a sus problemas y la distancia cada vez más creciente con su marido, tuvo varias dificultades y, posteriormente, una depresión postparto.


A partir de los cuatro años, Jeffrey empezó a ser un niño enfermizo, lo que le llevó a ser antipático e introvertido.


Lionel estaba preocupado por el desinterés social de su hijo por lo que intenta acercarse a él. Esto no da resultado hasta que un día, al encontrarse un mapache muerto, decide enseñárselo a Jeffrey de 6 años para intentar causarle interés. A raíz de esto, Jeffrey comienza a interesarse y experimentar con animales muertos y sustancias químicas en su refugio.

Cuando termina con los cadáveres de los animales, los entierra dejando las cabezas por fuera para que los vecinos lo vean.


En el instituto se preocupa por parecer un pardillo y crear situaciones para que los demás se rían de él, en un intento por controlar lo que el resto sienta respecto a él.

Mientras, consume alcohol en exceso y comienza a sentir deseos homosexuales hacia cuerpos sin vida a los que aplicar control y sometimiento así como una exaltación de su sexualidad con la mutilación de cadáveres de animales.

Es en esta época cuando intenta capturar a su primera víctima, un corredor que suele pasar por su casa sin camiseta. Por suerte, ese día el corredor cambió su ruta.


Ya en 1978, mientras busca hombres con los que hacer realidad sus fantasías, recoge a un autoestopista, Steven Hicks, a quien invita a su casa. Después de un rato, Steven anuncia que se va y, en un arranque de ira por su marcha, le golpea la cabeza con una pesa y le remata estrangulándole.

Descuartiza el cadáver y curiosea con sus entrañas. Descubre una especial fascinación por pecho y brazos.

Cuando va a deshacerse del cadáver, la policía le para, le pregunta por el olor y él contesta: "No podía dormir y he decidido ir a tirar la basura". Resulta creíble así que le dejan seguir.

Después de esto, decide pasar desapercibido y no volver a matar.



Deja sus estudios a medias, y se alista en el ejército donde estudia para ser médico de combate. Tras haber apartado sus malos hábitos durante un tiempo, vuelve al alcohol y le acaban expulsando.


Sin casa y sin oficio, se va a vivir con su abuela, quien le transmite esperanza y amor. Al principio, intenta huir de sus tendencias homosexuales e incluso, lleva una vida religiosa junto a ella. Pero, un día, en el sitio menos esperado, se desata. Una nota que un chico le deja en la biblioteca, destapa sus recuerdos de Steven.

Comienza a frecuentar sitios gays y vuelve al alcohol. Consciente de sus deseos sexuales, roba un maniquí con el que tiene relaciones íntimas hasta que su abuela lo descubre y le obliga a deshacerse del objeto. Esto supone una degradación en la relación con su abuela.


Dahmer busca en el obituario entierros recientes para sacar los cadáveres y poder intimar con ellos pero esto resulta muy engorroso y mueren pocos jóvenes que le atraigan.

Descartando este camino, asiste a una sauna para conocer a hombres a los que droga hasta casi la muerte para poder acostarse con ellos. El rumor se extiende y acaban prohibiéndole la entrada.

No es hasta 1987, cuando llega su segunda víctima, Steven Tuomi, un chico pelirrojo que cumple todas sus expectativas, a quien conoce en un bar y le invita a un hotel.

Jeffrey descubre que le ha matado cuando se despierta junto a un cuerpo brutalmente magullado y frío.

Saca el cuerpo del hotel metido en una maleta y lo esconde en el sótano de su abuela para, días después, desmembrarlo, arrancar la carne, destruir los huesos y tirar todo ello a la basura.


Este asesinato supone un antes y un después en la vida de Jeffrey Dahmer pues desata todos sus instintos y decide no contenerse más. De hecho, comienza a pensar que la gente a la que asesina, vive a través de él y le acompañarán siempre, lo que le llevó incluso a comerse partes de sus víctimas para ganar poder y control.


Tras esto, se dedica a buscar hombres altos, musculados y delgados.

Así es como elige a James Doxtator, de 14 años, a quien droga y estrangula en la casa de su abuela. Guarda el cuerpo en la despensa durante una semana.

Su abuela, preocupada por la actitud de Jeffrey, llama a su padre y juntos encuentran restos que justifica como animales.


Establece un patrón regular en sus asesinatos: a sus víctimas las droga con somníferos, las estrangula, descuartiza los cuerpos y se queda con miembros del cuerpo de aquellos que le han gustado especialmente.

Cuando lleva a casa a Ronald Flowers, de 25 años, su abuela se molesta y, aunque consigue drogarle, desiste de matarle, le roba y le abandona en un descampado. Al despertar en el hospital, Flowers recuerda todo y se lo cuenta a la policía.

La versión de Dahmer convence a los oficiales y no le procesan.


Su familia, preocupada por su homosexualidad, le echa de casa, lo que supone aun más libertad de acción para Dahmer y una nueva decepción en su vida.


Empieza a usar la frase "Tengo una cámara nueva, ¿quieres ser mi modelo por 50$?" con la que consigue engañar a Somsack Sinthasomphone quien, aun drogado, también consigue escaparse. Los padres presentan cargos de acoso sexual y agresión infantil.

Los agentes de policía que van a su casa a detenerle, no ven las calaveras de los muebles pues, al estar pintadas de colores, creen que son de plástico.

Acaba siendo condenado por agresión sexual a un menor con la prohibición de acercarse a menores de 17 años.

Sale de la cárcel más perturbado y con menos control sobre sus impulsos. Termina por mudarse a un nuevo edificio en una zona bastante liberal y con multitud de altercados, concretamente al apartamento 213 del Edifcio Oxford.


Ya en 1990 y en medio de su perturbación, Dahmer descuida su aspecto e higiene así como empieza a llenar su casa de restos humanos de los hombres a los que droga, estrangula, descuartiza, fotografía una vez muertos, deshace en ácido y, se acabará comiendo.





"Me acostumbré a ver a la gente como objetos de placer y no como humanos"



































143 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo